Faltan 10 minutos para que sean las 12 de la noche y acabo de llegar del gimnasio, estoy destrozado y llego muerto de hambre, pero no es para menos: madrugar, ir al trabajo, estar todo el día trabajando (con más o menos trabajo) llegar a casa, merendar corriendo, cambiar de equipaje y andando,
y llego ahora, casi no puedo ni andar, me tiemblan las piernas, tengo la piel ardiendo y estoy rojo como un tomate, mi regalo es poder estar aquí sentado sin que mi corazón lata a más de 130 pulsaciones por minuto, pero no por mucho tiempo… mañana el día será, por suerte, similar al de hoy:la verdad es que es toda una adicción,
Ahora tengo que, con la poca energía que me queda, acabar de escribir este artículo, poner a lavar la ropa usada , preparar mochilas para mañana, dejarlo todo listo.
Admiro a mis compañeros de deporte que, como yo, tienen estos horarios “peculiares”, desde luego es el mejor momento del día para hacer ejercicio, gente con sus historias, con sus trabajos, con sus problemas, con sus proyectos, con su idiosincrasia, que deciden acabar el día de una manera bien intensa y saludable.
Escrito por alvarito 

Escrito por alvarito