Siempre he sido una persona muy pragmática, hace poco compré uno de los ‘cacharros’ más útiles que he comprado últimamente: se trata de un simple enchufe-temporizador, que me permite decidir a qué horas funciona o se apaga cualquier cosa que tenga enchufada, en mi caso: mi fantástica turbina refrigerante de la que ya hablaré en otro momento.
Bueno, vamos a lo que toca: el bicho este lo tengo configurado para que por la noche no tenga que levantarme de la cama a apagar el ventilador (soy vago, eh
) está programado para que dé luz de 12 a 3 de la mañana, y de 6.50 a 7.20. No tengo que hacer absolutamente nada, cuando llega la susodicha hora, con una puntualidad británica se enciende o se apaga según corresponda, de manera que siempre que estoy por la habitación se está la mar de fresquito (bueno, fresquito no demasiado, pero almenos hace un vendaval que refresca xD)
El temporizador lo compré en los chinos por unos 7€, habían modelos digitales y analógicos, como en mi habitación ya hay muchas cosas “digitales” me decidí por el modelo analógico (en realidad porque era el más barato), va conectado directamente a la corriente y para configurarlo es de lo más sencillo: tiene una rueda que da vueltas según pasan los minutos del día y unas pestañitas que suben o bajan: si la bajas estará encendido durante ese momento del día, y si la dejas hacia arriba lo contrario, así de fácil.
